Formadores dominicos de ocho países participan en un curso de formación en Asia-Pacífico
El 11.º Curso de Formadores de Asia-Pacífico, titulado « Formación dominicana auténtica: formar predicadores para hoy », se celebró en Caleruega, Filipinas, del 3 al 26 de enero de 2026. En este curso de formadores participaron quince formadores —seis Hermanas Apostólicas y nueve frailes— procedentes de la región de Asia-Pacífico. Las hermanas y los hermanos que participaron en este programa de formación provenían de ocho países (Pakistán, Taiwán, Filipinas, Indonesia, Corea, Vietnam, India y Myanmar).
Desde el comienzo, el ministerio de la predicación formó parte de la misión de Jesús, y él llamó a discípulos para que lo siguieran. Resulta notable cuánto tiempo y energía dedicó a formar a sus discípulos para que, a su vez, llegaran a ser predicadores. Les dio instrucciones precisas sobre cómo debían salir en misión (cf. Mt 10,5–15). Vivió y viajó con ellos y les explicó sus enseñanzas, formándolos para afrontar los desafíos y para convertirse en vínculos vivos del amor de Dios, amando a Dios y al prójimo por encima de todo (Tul. 71). La formación, y especialmente la formación de predicadores, es la forma de ministerio más importante y eficaz; por ello, es fundamental cómo formamos a nuestros hermanos y hermanas, cómo modelamos sus mentes y corazones, y cómo les transmitimos la misericordia salvífica de Dios.
Asia-Pacífico, con su rica historia y la diversidad de sus tradiciones, está marcada por desafíos propios de esta parte vibrante del mundo, que requieren una formación auténtica, experiencias vividas y perspectivas adecuadas. Sin embargo, en cada desafío se encuentra una oportunidad de crecimiento e innovación. Una buena formación exige una verdadera inversión y sacrificio por parte de todos, tanto de quienes tienen la responsabilidad de formar como de quienes están en formación. Nuestra misión solo florecerá si estamos dispuestos a invertir en la formación. Todo hermano y hermana de la Orden tiene derecho a una formación dominicana plena y auténtica que nos configure con nuestro maestro, Jesús. Esto nos llama a asegurar que los nuevos formadores puedan desarrollar las competencias necesarias para su tarea y que reciban el acompañamiento adecuado (Tultenango 200).
La formación, en su esencia, no consiste únicamente en la adquisición de conocimientos, sino en un desarrollo integral de la mente, el espíritu y el carácter. Para predicar el mensaje de Cristo, estamos llamados a llegar a ser como Él. De su amor aprendemos a amar a nuestras hermanas y hermanos, a cuidarnos unos a otros, y a tomar cada día nuestra cruz, muriendo a nosotros mismos para vivir para Dios. Para una formación auténtica de nuestras hermanas y hermanos, es necesario contar con una comunidad formativa sólida y acogedora, una vida conventual debidamente estructurada, y un número suficiente de hermanos en formación y formadores debidamente preparados (cf. RFG 59–62).
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